No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas. Tras tan contundente
título se esconde una adaptación de la novela homónima de Laura Norton que
dirige maría Ripoll tras la justita Ahora o nunca, ese vehículo de lucimiento para Dani Rovira cuando aún era un
actor cómico.

Sara
no se siente plena en la vida, en parte porque el negocio artesanal a base de
plumas de aves no termina de arrancar, en parte por la distancia que la separa
de su novio, su aparente hombre definitivo. Todo parece salirle mal y la
noticia de que su hermana va a casarse con un amor de la infancia que encima es
ahora un famosísimo cantante y la irremediable separación de sus padres no ayuda
demasiado. Pero el mal de todos sus males, efectivamente, no es provocado por
el karma, sino porque ella es, perdonen ustedes, gilipollas. Así, el título no
miente, simplemente muestra una realidad con más ingenio que la propia
película. Esta Sara es, en definitiva, gilipollas, y eso me hace preguntarme
que simpatía debe sentir el espectador hacia ella.
La
película busca el gag constante a través de sus absurdas y equivocadas
decisiones, su histerismo redomado y su torpeza mental. Y si bien alguna
situación puede llegar a tener gracia (un humor que solo funciona plenamente en
espectadoras adolescentes, según he comprobado), es tan solo el buen trabajo de
Echegui junto a la participación siempre a gran nivel de Jordi Sánchez lo que
logra salvar del naufragio la película.
Se
nota en el trabajo de Ripoll cierta pretenciosidad, ciertas lecciones de vida
que no terminan de funcionar nunca y hacen que el supuesto final feliz que toda
comedia romántica debe tener no luzca del todo bien. Sara es una metepatas de
cuidado y todo lo que le sucede se lo tiene bastante merecido, si bien no el
definitivo triunfo del amor, que visto lo que pasa por su cabeza quién sabe si
en verdad es tan definitivo.
El
problema más grave de la película es que en ningún momento resulta creíble. Y
no lo digo ya por rocambolescas aventuras como la del zoo con su resolución
pillada por los pelos, sino por pretender que tenga sentido que una tienda
centrada solo en plumas de aves debería funcionar, que el primer capricho
romántico de una adolescente termine por ser el amor definitivo (yo lo llamaría
más bien obsesión compulsiva), que la hermana se muestre en todo momento tan
comprensiva y colaboradora (aunque el derroche de simpatía y carisma de la
joven Alba Galocha ayuda a superar el trago), y así un largo etcétera.
En
fin, que María Ripoll ha dado un nuevo paso atrás tras la estimulante Rastres de Sàndal, siendo esta No culpes al karma… menos divertida que Ahora o nunca por más que sus
intérpretes (Álex García aparte) se esfuercen en mantener la frescura que no se
consigue ni con la historia ni con los diálogos.
Valoración:
Cinco sobre diez.
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