La
nueva película de Antoine Fuqua es un nuevo remake del clásico de Akira
Kurosawa Los Siete Samurais, de 1954,
pero por razones obvias la fuente de inspiración más directa es Los Siete Magníficos de John Sturges, de
1960. Fue el western protagonizado por Yul brinner, Steve McQueen y compañía
tan mítico que ha quedado por siempre grabado en nuestras memorias, por más que
su popularidad se deba probablemente más al inmortal tema musical de Elmer
Bernstein que a la propia calidad de la película.

Así
pues, lo único que ha necesitado Fuqua es modernizar la película, adaptarla a
los tiempos actuales y darle un poco más de empaque. Fuqua ha demostrado
sobradamente lo bien que se mueve en el terreno de la acción, bastando con
recordar sus dos últimas películas: The Equalizer y Objetivo: La Casa Blanca
y ha sabido, además, rodearse de un puñado de actores de primer nivel no solo
por su calidad interpretativa sino también por poseer la misma carisma, o más,
que los presentes en el film de 1954. Aquí es donde un remake de un clásico se
diferencia de otro como, por ejemplo, Ben Hur, la cual con otro director y otros actores le habría ido mucho mejor.

Faqua
no es todavía uno de los grandes del cine, pero sí un estupendo artesano que
consigue aquí dos horas de entretenimiento y diversión donde lo que vemos
importa más que lo que cuenta (al fin y al cabo ya nos conocemos de sobra la
historia), con un villano que sin ser memorable funciona bastante bien, una
buena banda sonora (la última filmada por James Horner antes de su prematura
muerte) y el inevitable detalle de recurrir a las notas de Bernstein en los
créditos finales.
Quizá
el desenlace del film sea lo peor de todo, pero no alcanza para enturbiar el
buen rato ofrecido por Faqua y sus siete vaqueros.
Valoración:
siete sobre diez.
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