viernes, 26 de febrero de 2016

DEADPOOL: una jo**da gamberrada francamente divertida.

Mientras todo el mundo pensaba que lo más llamativo de este año (cinematográficamente hablando) iba a ser el doble duelo entre Batman y Superman por un lado y el Capitán américa e Iron Man por otro, hete aquí que ha aparecido casi de la nada Deadpool y lo ha revolucionado todo.
Estrenada en los USA en el fin de semana largo de San Valentín (un fin de semana reservado a películas románticas para ver en pareja), la película ha batido records de manera alucinante. Algunos ejemplos: Fue el mejor estreno de la 20th Century Fox con 135 millones sobre un presupuesto de 58, ha batido el record de recaudación en el mes de febrero que ostentaba Cincuenta sombras de Grey y ha supuesto el mejor estreno de todos los tiempos de una película de clasificación R (sólo para adultos). En la actualidad ha superado los quinientos millones en todo el mundo, siendo la película más exitosa de la franquicia de X-men, y ya ha confirmado su secuela.
¿Y de dónde viene todo este éxito? Quizá de la necesidad del público por ver algo diferente dentro de un género tan en boga como el superheróico. Aunque en Marvel parecen esforzarse por acariciar diferentes subgéneros en sus producciones (películas de robos, thrillers políticos, fantasía, comedia…) todo parecía cortado por el mismo patrón, y Deadpool (pese a que no acabo de soportar que en España no la hayan llamado Masacre, como en el comic) ofrece un soplo de aire fresco con ese tono tan gamberro y políticamente incorrecto que supera los excesos de películas relativamente similares como Kick-Ass o Kingman.
Sin embargo, casi tan interesante como la propia película es la historia de cómo llegó a existir. Quizá muchos no recordéis (lo cual es bueno para vuestra salud mental) que Masacre Deadpool ya había debutado en cine. Fue en ese compendio de despropósitos llamado X-men Origenes: Lobezno donde el Mercenario Bocazas aparecía gran parte de la película ¡¡¡con la boca cosida!!! Ver para creer. Lo curioso del caso es que ya fue interpretado por Ryan Reynols, y no sé bien si fue preparándose para el papel o si la cosa venía de antes pero el caso es que el ex de la Johansson se enamoró del personaje y se empeñó en hacer su propia película, por más que la Fox parecía negarse en rotundo. Incluso había posible director, un Tim Miller que incluso rodó una espectacular escena (utilizada en el metraje definitivo) para convencer al estudio. Pero no fue hasta que las imágenes se filtraron en internet y los fans se alzaron pidiendo la película que la Fox no decidió dar luz verde al proyecto. Y al fin Reynols ha conseguido triunfar como personaje de comic tras el denostado paso por Lobezno, su olvidada participación en Blade: Trinity y su desastrosa Green Lantern.
Pero realmente, ¿tan buena es esta Deadpool? Pues para ser sinceros, no. Bajo un prisma cinematográfico el guion no es especialmente inteligente, las interpretaciones no son memorables y a Tim Miller se le nota la falta de experiencia (es su debut como realizador, aunque tiene algún corto digital impresionante y ha trabajado en escenas aisladas y de créditos en varias películas Marvel). Sin embargo, una muy inteligente campaña publicitaria, la extraña pero perfectamente ajustada unión del humor de cacaculopedopis con la épica superheróica y el corazón que todos sus responsables han puesto en la película han conseguido que el producto final sea, por lo menos, una estupenda gamberrada plagada de chistes y referencias imposibles de localizar todas en un primer visionado que resulta gratamente divertida.
Por una vez, y esta ha sido la clave del éxito, la premisa de la película era ser completamente fiel al espíritu de comic, en especial a la etapa guionizada por Joe Kelly, aquella que dio forma a la personalidad de Wade Wilson (el hombre bajo la máscara de Deadpool), incluyendo la violencia extrema que ha obligado a la Fox a aceptar eso tan “poco comercial” de otorgar a una película la clasificación R.
Ryan Reynols está que se sale (mejorando, por descontado, en su versión original), hay un villano suficientemente interesante para que, sin ser lo más importante del film, no rechine, hay cameos mutantes (con un Coloso bastante impresionante) e incluso una historia de amor que no sólo no molesta sino que provoca una larga escena tan erótica como divertida que parece burlarse directamente de títulos blandengues y mojigatos como Cincuenta sombras de Grey.
Deadpool dispara con bala no solo a sus enemigos, sino a todo bicho viviente que pase por ahí, no dejando títere con cabeza. Son burlas de todo tipo, pero las que mejor funcionan son las autoreferenciales, las que se mofan del propio universo Marvel o las que señalan directamente hacia aquel bodrio que fue el Green Lantern de DC. Deadpool es salvaje, grosero, malhablado, irritante, ofensivo, apasionado y macarra y consigue formar parte del mundo de los X-men sin perder su identidad como solitario.
Al concluir, puede que un leve toque de convencionalidad amenace con afectar a la película (al final hay que entregarse a la lógica y recordar que el rollo de los superhéroes va de buenos luchando –y venciendo- con los malos), pero incluso en su momento final Deadpool logra mantener su esencia y salir airoso de un clímax de destrucción cerrando la aventura con una escena postcréditos que se atreve a homenajear al recientemente fallecido John Hughes.
Deadpool no es más que eso, una gamberrada, una película muy macarra llena de insultos, violencia gratuita, algo de gore e incluso desnudos. Quien busque la excelencia se equivocará, pero quien pretenda disfrutar de un buen rato y (nunca mejor dicho) partirse el culo, esta es su película.

Valoración: siete sobre diez.

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