domingo, 5 de enero de 2014

EL ÚNICO SUPERVIVIENTE (6d10)

Comienza la película y vemos a unos marines portando el cuerpo ensangrentado y maltrecho de Mark Wahlberg. Empiezan a realizarle transfusiones y operaciones y un monitor nos deja con la duda de si sus constancias vitales se recuperan o no cuando la cinta da un salto en el tiempo y vemos como empieza la acción un par de días antes, pretendiéndonos dejar en ascuas sobre el estado del pobre Mark y yo me pregunto: “Peter Berg, ¿recuerdas el nombre que le has puesto a la peli?”.
Llamándose El único superviviente no hay spoiler que valga. Es una película bélica y muere hasta el apuntador. Todos menos uno, claro está. Y esa primera escena nos quita la emoción de saber quién es porque podemos reconocer a Wahlberg, así que lo único que nos queda es saber qué ha pasado y cómo.
Con un planteamiento similar a Black Hawk, derrivado (basada en hechos reales, es la historia de un grupo de soldados que quedan abandonados en territorio hostil y deben ser rescatados), con quien comparte incluso uno de sus actores, Eris Bana, hay quien pretende ver en este film paralelismos también con Salvar al soldado Ryan, ese panfleto con una media hora inicial salvajemente apabullante y que luego se diluye sin remedio dirigida por el artista anteriormente conocido como Rey Midas de Hollywood, pero lo cierto es que lo único que comparte con el film de Spielberg es la creencia de que cuanto más sádica sea la imagen más dramática resulta la historia.
Peter Berg, un actor que acertó metiéndose a director  y que tras su debut con la gamberra y divertida Very bad thing nos ha regalado también El tesoro del Amazonas, Hancock y Battleship entre otras, apuesta aquí por un drama real que supongo que oculta un mensaje anti militar (o al menos queda muy bien decirlo en los pre-estrenos) pero se revela en realidad como una propaganda magnífica sobre lo buenos y duros que son los chicos de la armada estadounidense (en este caso le toca brillar a los SEAL).
Si somos capaces de ignorar todo esto y nos centramos en la acción pura y dura, El único superviviente es una película que funciona bien gracias, sobre todo, a la dureza de sus escenas y al magnífico sonido de la misma (somos capaces de escuchar cómo se rompe cada uno de los huesos de los protagonistas), logrando cierta empatía con los personajes e invitándonos a participar en el debate moral (que no voy a explicar aquí) que desencadena el drama. Berg se encuentra cómodo en el campo de la acción (por pastiche que fuera su Battleship pienso que le da cien patadas a los Transformers de Michael Bay al que parece imitar), mientras que los protagonistas tienen el suficiente carisma para que simpaticemos inicialmente con ellos y nos apenen sus respectivas muertes. Junto a Wahlberg y el ya mencionado Bana están Taylor Kitsch (ese guaperas que iba a ser el chico de moda en Hollywood gracias a John Carter y estuvo a punto de hundir a la Disney con esa peli –que pese a todo a mí me gustó-), Ben Foster y Emile Hirsch, que entre todos llevan a buen puerto una película con trazas de western (cambiando a los indios por talibanes) y cuyo trasfondo real permite incluso ofrecer un mensaje para explicar la diferencia entre ser afgano y ser talibán y que el tomar las decisiones correctas puede llegar a recompensarte.
Junto a esto un buen puñado de tópicos y una violencia rayando lo gore que en ocasiones puede resultar exagerada, llegando a invitar a pensar que el director no confía demasiado en sus propias artes para plasmar drama sin tener que recurrir a la sangre.

En definitiva, entretenida y emocionante. Y si a alguien le ayuda a reflexionar algo, pues mejor que mejor. Eso sí, de ahí a la obra maestra que algunos quieren ver…

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