lunes, 2 de diciembre de 2013

BIENVENIDOS AL FIN DEL MUNDO * (7d10)

Lo han vuelto a hacer. No contentos con la experiencia de La Cabaña en el Bosque, las distribuidoras españolas han vuelto a maltratar una película que fue de lo mejorcito del reciente festival de Sitges y que, si bien la calamidad no es tan notable con respecto a la obra de Drew Goddard, hay que remarcar que se ha estrenado en tan solo 22 salas en toda España, sin campaña publicitaria alguna y tan solo cuatro meses y medio más tarde que en los Estados Unidos y dos meses después que en la mayoría de Europa. Sumémosle a esto que desde hace un tiempo circula por la red una copia en alta definición en español y que el público al que va destinado estas producciones es joven y relativamente friki y… voila! Pasa totalmente desapercibida por taquilla y la culpa, como siempre, de la piratería.
El caso, por seguir con la comparativa con la creación de Josh Weddon, es aún peor si consideramos que se trata del cierre de una trilogía estrenada toda ella en cines y que en ella hay nombres importantes de la industria de Hollywood. No hablamos de un  producto pequeñito, casi de corte independiente, sin ningún atractivo cara al público.
Repasemos: a los mandos del barco está Edgar Wright, una de las cabezas pensantes (junto a Spielberg, Jackson y Moffat) del taquillazo que supuso Las aventuras de Tintín: El secreto del unicornio y futuro director de Ant-man, el punto de partida de la fase tres de la todopoderosa Marvel mientras que el reparto está encabezado por el genial Simon Pegg (que no solo es ya una cara conocida como protagonista de comedias sino que ha entrado en el mundo de los blockbusters con Misión imposible: Protocolo fantasma y las dos maravillas de Star Trek de Abrams), el inefable Nick Frost (que aparte de ser la otra mitad de Pegg se ha aventurado en solitario en títulos como Radio Encubierta, Attack the block o Blancanieves y la leyenda del Cazador), el omnipresente Martin Freeman (el Watson televisivo y estrella mundial gracias a El Hobbit) y las presencias menos estelares de Eddie Marsan (el Lestrade de Sherlock  Holmes, esta vez el cinematográfico), Rosamund Pike (fue chica Bond en Muere otro día, chica English en Johnny English Returns y chica Reacher en Jack Reacher) y el colofón final de la aparición breve pero celebrada de Pierce Brosnan. Argumentos, creo yo, para considerar esta película como algo más que carne de videoclub (o como quiera que se llame hoy en día a las películas despreciadas para la gran pantalla).
Pero dejemos de hacer mala sangre y centrémonos en la película.
Como ya he adelantado, se trata del cierre de la llamada trilogía del Cornetto (the three flavours cornetto trilogy o the blood and ice cream trilogy) –con gag alusivo incluido en la propia peli- que el trío formado por Wright, Pegg y Frost iniciaron en el  2004 con Zombies Party (aquella magistral parodia del cine de zombies que enamoró al propio Romero), continuaron en el 2007 con Arma Fatal (revisión sarcástica de las películas policiacas) y que concluye ahora con una vuelta de tuerca al tema de las invasiones extraterrestres, con un recuerdo especial para La Invasión de los ladrones de cuerpos.
Si hace unos meses comentaba que esperaba esta película con impaciencia tras la tontería que fue Juerga hasta el fin (curiosamente aquella si fue estrenada por todo lo alto), debo aseguraros que no tiene nada que ver con ese bodrio sin gracia más que en la base argumental, unos amigos a los que el apocalipsis (aquí no en un sentido tan literal) pilla en medio de una noche de juerga. Puestos a buscar similitudes sería más fácil encontrarlas con Plan en las Vegas, pues de nuevo tenemos a unos amigos de la infancia (en esta ocasión son cinco en lugar de cuatro) que se reencuentran después de muchos años, con una chica como punto de cordura del grupo y un punto oscuro en el pasado que produjo una herida –aparentemente insalvable- entre dos de ellos. La excusa, en esta ocasión, es realizar una proeza que no lograron cuando eran chavales: finalizar la milla de oro, un recorrido por doce pubs de su pueblo natal (pinta obligada en cada uno, por supuesto) cuyo recorrido finaliza en el llamado El fin del mundo.
Pero con lo que no contaban era con que el pueblo estaba dominado por unos seres extraterrestres que han suplantado a los humanos sin que nadie se diera cuenta.
Tan absurda premisa es la base para una sucesión de gags desternillantes, diálogos brillantes y situaciones totalmente descontroladas que, definitivamente, pone un broche de oro a la trilogía. Quizá siendo exigentes no es tan redonda como Zombies Party (aunque guarda muchos parecidos –y guiños- con aquella), pues Wright y Pegg han madurado y quieren detenerse brevemente a reflexionar sobre la vida y la amistad entre pinta y pinta, otorgándola de algunos breves momentos amargos que no hacen sino resaltar más aún las situaciones cómicas. Si en algunas comedias recientes comentaba que te mantenían con la sonrisa en la boca durante toda la proyección en esta ocasión hay momentos de verdaderas carcajadas.
El único pero que encuentro a Bienvenidos al Fin del Mundo es que, tras tanto hablar del fin de  una trilogía, me niego a pensar que Wright, Pegg y Frost no vayan a volver a trabajar juntos.
Sinceramente, los necesitamos.

Aunque las distribuidoras no quieran darse cuenta.

3 comentarios:

  1. Me parece que a veces no tienen ni puñetera idea de lo que le gusta al público. Personalmente estoy harta de que semana tras semana estrenen tonterías de Exorcismos y películas que prometen que vas a sentir el miedo como nunca antes y después no son más que "Buscadores de Fantasmas" con más presupuesto y proyectos divertidos y con sentido de humor se queden en el tintero. Eso sí, para las comedias estúpidas y chorras siempre hay un hueco en la cartelera....

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  2. Ya la he visto y me reafirmo en que es una película divertida, inteligente y con ese humor tan inglés... Lástima que se empeñen en privarnos de ver buen cine...

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    1. Lo más triste no es que buenas películas como esta pasen sin pena ni gloria por las carteleras. Lo que de verdad me duele es que los responsables no acepten su culpa y culpen siempre a la piratería. Por eso el problema de Internet (que existe realmente) tardará mucho en solucionarse, ya que aquí cada uno va a lo suyo...

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