lunes, 23 de abril de 2018

SANT JORDI 2018


Permitidme que por un momento me aleje del mundo del cine para haceros un pequeño recordatorio.
Hoy, 23 de abril, se celera en Cataluña la diada de Sant Jordi, esa bonita fiesta donde se regalan rosas rojas y libros (la tradición era que los hombres regalaban una rosa a la mujer y ella le correspondía con el libro, aunque hoy en día no se hace tan a rajatabla).
El caso es que es un buen momento para presentar “oficialmente” mi segunda novela: Sanguijuelas. Y aunque ya se ha hecho bastante eco de ello por las redes, permitidme que haga también por el blog un breve comentario para que, si sois de Barcelona, sepáis que podéis acudir a dos puestos del barrio de Sant Andreu donde estaré encantado de firmaros vuestros ejemplares.
Además de las paradas para autores locales de la Plaza Orfila y la que habrá en la Rambla de Fabra i Puig a la altura de Camil Fabra, donde firmaré de una a dos de mediodía y de cinco a seis de la tarde, respectivamente, también podéis encontrar ejemplares, tanto de Sanguijuelas como de Mundo Muerto, en las siguientes librerías:

·         Gigamesh (Calle Bailén, 8. Barcelona)
·         Dit i Fet (Calle Dr. Balari i Joavany, 4. Barcelona)
·         Canales (Calle Fabra i Puig, 1-3. Barcelona)
·         Mon Mític (Calle Camil Fabra, 5. Barcelona)
·         Domu (Calle Industria, 142. Barcelona)
·         Cami Ral (Calle Cami Ral, 50. Tordera)
·         Punt i seguit ( Avenida Catalunya, 21. Massanet de la Selva)

Además, por descontado, los libros siguen disponibles en Amazon, tanto en su formato en tapa dura como en digital (kindler) y estos días los podéis conseguir con un descuento especial.
No dejéis pasar la oportunidad de recuperar Mundo Muerto y disfrutar, también ahora, con Sanguijuelas, más breve en cuanto a número de páginas, pero más ambiciosa de cara al futuro.
Un abrazo y feliz día del libro.

FIREWORKS


He de reconocer, ya de entrada, que no soy muy fan del Anime, ese subgénero de dibujos animados propio de Japón. Por eso me sorprendió gratamente lo mucho que me llegó a gustar y emocionar Your name, esa pequeña joya que califiqué como de lo mejor del año pasado.
Es curioso lo mal que se estreno en nuestro país, pese a los éxitos que la precedían, pro cómo esa película ha provocado que nos llegue ahora a bombo y platillo todo aquello que se le pueda parecer mínimamente o que lleve en su poster esa fatídica frase que reza “de los productores de…”. Hace unas semanas tuvimos A silent voice y en la misma liga juega esta Fireworks.
De nuevo estamos ante una trama juvenil, con un grupito de amigos /compañeros de escuela bastante calcados de cualquier otro anime de la productora, cuya historia de amor es tan profunda y trascendental que parece merecedora de cambiar el destino del universo.
En apariencia, la película habla del poder de la amistad y del dolor de la separación (ya sea familiar o del entorno confortable que uno crea a su alrededor), jugando a las segundas oportunidades bajo la temible pregunta que en cualquier momento a todos nos a carcomido de “¿y si?”. ¿Y si hubiera hecho esto en lugar de esto otro? ¿Y si hubiese dicho...? ¿Y si hubiese ido…?
En realidad, de lo que trata es de unos niñatos que no sirven ni para dar un palo al agua, que ni saben lo que quieren ni les importa, y que con la excusa de un elemento mágico que trastoca los límites del tiempo retroceden para poder enmendar sus propias decisiones.
Si A silent Voice, pese a su excesiva duración, lograba por lo menos emocionar con los temas que trataba, Fireworks me ha parecido una tontería enorme, aburrida y simplona y que, voy a serles muy sincero, ni siquiera llegue a entender de qué iba.
Dicen que se basa en una película de acción real de cincuenta minutos, y que al tener ahora más tiempo (al menos se han sabido contener para no pasar de la hora y media) han desarrollado mejor la trama. No lo sé. A lo mejor es cosa mía y estas películas no son para mí.
A lo mejor es que me estoy haciendo demasiado mayor para según qué cosas.
O a lo mejor es que esto es un rollo patatero que aburre a las ovejas.
Ustedes mismos. Por ahí parece que ha tenido éxito. Véanla si quieren, juzguen y, si es conveniente, fustíguenme.

Valoración: tres sobre diez.

CADA DÍA


Cada día es una extraña película que, como punto de partida, es una tremenda tontería, solo clasificable como comedia romántica adolescente con toques fantásticos. 
Sin embargo, hay que reconocerle que tiene un puntito que la hace suficientemente amable como para conseguir digerirla sin demasiados problemas, resultando simpática y hasta tierna.
Todo se basa en la aceptación de que existe alguien de carácter incorpóreo, una especie de ser que cada día habita en el interior de un cuerpo diferente, tomando control del mismo, como si de una posesión se tratase, durante ese único día. 
Eso es algo que el tipo, que decide autodenominarse A, lleva haciendo toda su vida hasta que conoce a Rhiannon, de la que se enamora, y por la que tratará de cambiar las reglas del juego que rigen su vida.
Romance simplón, como digo, en el que casi todo el peso recae en Angourie Rice, que ya demostró en Dos buenos tipos que tenía madera de estrella y a la que hemos podido ver también en La seducción y Spider-man Homecoming
El no tener un partenaire fijo en toda la película hace que todo dependa de lo que la muchacha llegue a creerse su papel, y en ese sentido la actriz cumple con creces, siendo el primer flotador al que agarrarse al enfrentarse a la película.
Por lo demás, poquita cosa hay en este producto demasiado enfocado a un público juvenil (que no sé yo si está por estas moñadas) pero más aceptable de lo que en principio invitaba a pensar su argumento y que, al menos, sirve como distracción siempre que no se le exija demasiado.

Valoración: Cinco sobre diez.

LAS LEYES DE LA TERMODINÁMICA


Lo malo de las comedias románticas es que todas están cortadas por un mismo patrón. Generalmente el esquema es muy básico: chico conoce chica, chico se enamora de chica, una confusión provoca que chico se separe de chica y, finalmente, chico se reconcilia con chica. Todo muy básico pero que, como funciona, no se suele cambiar.
Por eso, cuando alguien hace algo un poco diferente (me viene a la mente algún título como (500) días juntos o el final de Separados) es digno de elogio. Y solo por eso merece considerarse al guionista y director Mateo Gil como un tipo a tener en cuenta.
El problema es que Gil, que viendo su filmografía está claro que le gusta más el riesgo que el acomodo (sus dos últimas películas fueron un western como Blackthorn y un drama existencial futurista como Proyecto Lázaro), tiene más claro lo que quiere hacer que cómo hacerlo. Ya en su momento condené Proyecto Lázaro por lo aburrida que se me hizo, y algo similar me sucede con Las leyes de la termodinámica.
Desde el punto de vista argumental no es que haya nada del otro mundo. Cuando Manel conoce a Elena (una ascendente modelo) se enamora perdidamente, pero cuando la relación se tuerce no es capaz de levantar cabeza y superar el rechazo, todo narrado con mucho humor y desenfado. La nota original es cuando aprovechando que Manel es físico se trata de justificar todos los actos bajo el prisma de la ciencia, cobrando una literalidad total eso de que el amor es física y química.
Todo está predestinado mediante una serie de cálculos y algoritmos, y para dejar constancia de ello la película está nutrida de apariciones de científicos que, como en un documental didáctico al igual que Adam McKay hacía en La gran apuesta para explicar la crisis financiera, explican al espectador diversas leyes de la física cuántica y demás.
Sí, todo muy original y fresco, pero que pierde su gracia a la media hora de película. Porque, reconozcámoslo, uno va al cine a divertirse, no a aprender física, y a la tercera o cuarta vez que se interrumpe la acción para que un señor nos suelte una explicación que no vamos a comprender (ni lo vamos a intentar siquiera), el cerebro empieza a desconectar del argumento, más cuando para subrayar las explicaciones Mateo Gil juega con la cámara atrás y las repeticiones de planos.
Así que sí, le reconozco cierta originalidad y frescura a la película, pero lamento decir que no me intereso demasiado, más cuando, como no podía ser de otra manera, la conclusión final tras tanta charla científica, es que todo es mentira, y que el amor está regido por el corazón, no por la ciencia.

Valoración: Cuatro sobre diez.

UN LUGAR TRANQUILO


Actor de largo bagaje, John Krasinski es conocido, sobre todo, por su personaje en la versión americana de la serie The Office, y en breve será el rostro televisivo de Jack Ryan, aunque posiblemente hasta ahora seguía siendo más conocido por estar casado con Emily Blunt que por otra cosa. Hace dos años (dejando de lado algún que otro capítulo de dicha serie) decidió dar el salto a la dirección con Los Holland, aunque ha sido con su segunda película, Un lugar tranquilo, con la que ha conquistado a público y crítica de manera irrefutable.
Un lugar tranquilo es un impecable ejercicio de terror angustiante, de esos que se cocinan a fuego lento, creando una sensación de desasosiego y mal rollo en el espectador que, inevitablemente, termina llevándose a casa al salir de la sala de cine. No estamos ante la película de miedo al uso, de esas con impactos visuales a cámara y subidas repentinas de la música, sino de ese terror inteligente y atmosférico que no busca el simple salto en la butaca del espectador, sino atemorizarlo desde sus adentros, consiguiendo que se sumerja por completo en la desgracia de los protagonistas.
Narrada casi como si de un drama se tratase, esto hace que la película no sea de bocado fácil, y aun sin ser tan difícil de valorar como otros grandes títulos del género recientes como La bruja, sí se sumerge en esa corriente donde la historia y lo que la envuelve lo es todo. De hecho, me vino constantemente a la mente esa interesante película de Trey Edward Shults llamada Llega de noche, recogiendo además momentos el Shyamalan más inspirado (Señales, por ejemplo, aunque en una versión mucho más austera)
La historia es bien sencilla: una amenaza mortal a diezmado a la humanidad, y solo el descubrimiento de que el enemigo se guía únicamente por el sonido ha permitido subsistir a los pocos supervivientes que quedan. En esas están Lee Abbott y su familia, esposa embarazada incluida, que deberán superar la pesadilla de huir constantemente en un mundo de silencio.
Eliminando con inteligencia los flashbacks que habían en la novela en la que se basa, con lo que el desconcierto aumenta acertadamente, Un lugar tranquilo es casi una película sin diálogos, donde las miradas y los gestos lo son todo, y es por ello que el trabajo del propio Krasinski y de Emily Blunt (sin desmerecer para nada el trabajo de los pequeños) es una pieza fundamental para que todo funcione a la perfección, junto con un montaje perfecto y una banda sonora de Marco Beltrami que terminan de completar la ecuación.
Quizá no todo sea perfecto, y se puedan poner pegas a una película cuyo principal enemigo es el gran hype que está provocando a su alrededor, pero si se es consciente del tipo de cine que se va a ver, nada que ver con las producciones de Jason Blum o James Wan, la satisfacción (aterradora satisfacción) está asegurada.
Casi parece un chiste que Michael Bay, el maestro de las explosiones (y que dirigió a Krasinski en 13 horas: Los soldados secretos de Bengasi), esté como productor en una película donde el silencio lo es todo.

Valoración: Ocho sobre diez.

domingo, 15 de abril de 2018

PROYECTO RAMPAGE


Esta no deja lugar a dudas.
Estamos ante la adaptación de un videojuego en la que unos científicos locos manipulan genéticamente el ADN de diversos animales hasta que la cosa se les va de las manos y crean unos monstruos mutantes que lo arrasan todo.
Si están pensando ustedes que estamos ante la tontería del año, lo han adivinado.
Además, se le pueden encontrar flecos por todas partes. El guion, dentro de su absurdidad, tiene una incoherencia terrible (¿por qué unos mutan más que otros?), la historia es tan previsible como ya vista (cojan un poquito de El origen del Planeta de los Simios, mezclen el King Kong de Peter Jackson con el Godzilla de Roland Emmerich e imaginen alguna escena del Pacific Rim de Guillermo del Toro) y súmenle a un actor terrible como Jeffrey Dean Morgan haciendo exactamente los mismos tics interpretativos que si se tratase del Negan de The Walking Dead. Eso es Proyecto Rampage.
Y es cierto. Pero es, además, Dwayne Johnson derrochando todo su carisma habitual, unos bichos gigantes pegándose leches mientras destrozan Chicago y un ritmo frenético que nunca decae.
Así que sí, esta película es una tontería enorme, pero te permite pasártelo estupendamente. Es endiabladamente entretenida y los efectos especiales suficientemente cumplidores para ver una vez más una ciudad americana arrasada por los monstruos de turno y no morir en el intento.
Es curioso cómo, además, el director Brad Peyton, que ya ha trabajado con Johnson en Viaje al centro de la Tierra 2 y San Andrés, pretende diferenciarse de otras películas del montón dándole un toque de seriedad y dramatismo que funciona muy bien en su primera mitad. La primera secuencia, sin ir más lejos, es heredera del terror espacial de Alien y alrededor del tono cómico de la película hay muertes e incluso una ligera violencia que me llamaron la atención.
Luego todo se pierde en la aparatosidad del espectáculo pirotécnico, con algún momento supuestamente climático que roza el ridículo, pero como diría Alejandro González Iñárritu, “el ritmo lo es todo”. Y esta película tiene ritmo. Mucho.
Es entretenimiento puro y duro. No hay que buscarle nada más, porque es entonces cuando nos podemos sentir decepcionados. Claro que quien le pida a una película de estas características algo más… Bueno, digamos que quien falla no es el film, sino el espectador.
A cada cual lo suyo, digo yo.

Valoración: Siete sobre diez.

LA CASA TORCIDA

Cuando una cosa se pone de moda parece que no tiene freno. 
Al menos, en la industria del cine. Aunque no fuese un tremendo exitazo, Asesinato en el Orient Express funcionó lo suficientemente bien como para que se anunciara una especie de secuela, que no es más que una forma de decir que volveremos a ver a Kenneth Branagh en la piel (y el bigote) de Poirot, la más célebre creación de Agatha Christie. 
Y sin tiempo para más, hete aquí que tenemos una nueva adaptación de una obra de la señora, que últimamente parecía condenada a telefilms de sobremesa de esos que dan en Paramount uno tras otro. Y, claro, las comparaciones son odiosas.
Lo mejor de La casa torcida es que es una obra que nunca se había adaptado al cine, con lo que por lo menos se puede mantener la intriga hasta el final. Además, el director Gilles Paquet-Brenner (cuyo trabajo anterior confieso desconocer), se esfuerza por dar un cierto toque de modernidad a una ambientación muy clásica, casi vetusta.
Pero no, con un reparto muy inferior al reunido por Branagh (con Glenn Close y Terence Stamp como nombres ilustres), la película no tiene ni de lejos la espectacularidad ni la virguería visual con que el irlandés dotó a su Asesinato en el Orient Express, aparte que su Poirot derrochaba un carisma al que ni de lejos podría aspirar el personaje interpretado por Max Irons.
Sí, hay una intriga palaciega que no está mal, una crítica a la deconstrucción familiar alrededor de la carroña de la herencia y la grata sorpresa de ver a algún rostro conocido aunque ni mucho menos estelar, pero aparte de eso la película no merece ser considerada muy superior a los telefilms antes apuntados, una típica película alrededor de un asesinato en el que todos son sospechosos hasta que se descubre que el culpable es el que uno menos se espera. O a lo mejor ni eso.
Pasable para fans del misterio y los puzles, pero aburridilla para los más exigentes.


Valoración: Cinco sobre diez.